domingo, 10 de mayo de 2009

La historia de la chica que se convirtió en flan

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Estaban hablando y de repente, en mitad de una frase que él estaba pronunciando, ella se lanzó a sus labios. Empezó a besarlo suavemente, pero pasados unos segundos, Carla cambió el ritmo.

Era medianoche, y estaban tumbados en el césped de un parque poco visitado, de esos que por las tardes estaban repletos de niños y abuelos, y por las noches pasaban desapercibidos por los grupos de jóvenes ávidos de alcohol y espacios vacíos.

A Nacho le había extrañado aquella llamada de Carla. No era que no quisiera verla, escucharla, tocarla con cualquier tonta excusa… No, todos sus amigos sabían que él llevaba tiempo colado por esa chica que apenas conocía, amiga-de-amigo, con la que había coincidido alguna noche, con la que había cruzado apenas unas frases, suficientes para que él cayera en esa trampa que eran sus ojos…

Simplemente era que él siempre había creído pasar desapercibido para ella. Siempre se había mostrado simpática con él, incluso accedió a darle su número la primera vez que se lo pidió, pero él nunca pensó que Carla se fijaría en él. Y ahora, ahí estaban los dos, hablando como si se conocieran de toda la vida, como si no fueran dos extraños que buscaban los ojos del otro con diferentes intenciones.

Cuando Nacho sintió los labios de Carla sobre los suyos, sintió cómo el corazón le daba un vuelco. Casi se quedó paralizado, inexperto después de tanto tiempo saliendo con chicas. Pero reaccionó a tiempo –antes de que ella pensara que había quedado con un adolescente bobalicón- y la correspondió.

Entonces, ella empezó a cambiar el ritmo de sus besos. Nacho confundió la furia con que Carla le besaba con pasión, la violencia de sus besos y caricias con excitación, y supo que nunca podría conocer a ninguna chica como ella.


Cuando Carla comenzó a besarle, lo hizo para dejar de oírle, no quería escuchar el mismo discursito de siempre, el que soltaban todos los tíos, el de siempre-he-sido-un-picaflor-pero-ahora-busco-algo-serio, y menos en los labios de ese chico que ni siquiera recordaba de dónde había salido, pero era el que más tenía a mano para cumplir su propósito…

Pero no estaba resultando… Al contacto con los labios de Nacho le siguió la imagen de ÉL en su mente, riéndose ante la estúpida y patética estrategia de Carla. ¿Acaso creías que con este pelele podrías olvidarme? parecía escuchar Carla en su cabeza.

Por eso, comenzó a besar a Nacho con más fuerza, intentando borrar la cara que un tiempo había conseguido mantener fuera de su mente, y que ahora volvía a aparecer, como tantas veces había hecho antes...
Y cuanto más le besaba, más claramente le veía y con más furia besaba al otro, al que debía sustituirle, aunque fuera sólo por esta noche.

Carla supo que el asunto se le había ido de las manos cuando un pequeño hilo de sangre empezó a brotar de los labios de Nacho, que ni siquiera se había quejado. Sin mediar palabra, Carla se levantó y se fue, vencida, sabiendo que ÉL no la liberaría.

No por ahora.

2 comentarios:

  1. Me he quedado con la boca abierta. Soberbio, Evo ;)

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  2. Haaala,q historia mas triste. Y que cierta y real tambien! (pasa taaaantas veces) Si al final será verdad q un clavo no saca a otro clavo, q olvidar no es tan facil...y solo termina sufriendo la persona con la q juegan (los nachos) y la persona que juega con el otro(las carlas)puede q tambien...xq de hecho puede que carla fuese un nacho alguna vez. Intercambio de papeles.El pez q se muerde la cola.

    Muy chuli eva:)

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